Por qué me quedo en blanco al hablar en público
Hay una cosa que le pasa a mucha gente cuando se expone: sabe perfectamente lo que quiere decir, pero en el momento en que le toca hablar no le sale nada. Se queda en blanco, o dice la mitad de lo que quería decir.
Y lo primero que suele pensar es: «tendría que haberlo preparado mejor». Pero casi nunca es eso.
¿Por qué me quedo en blanco si lo tengo preparado?
Te quedas en blanco porque el miedo a equivocarte y el miedo a que te juzguen, mezclados con la exigencia de decirlo todo muy bien, generan tanta tensión en el cuerpo que te bloqueas. El problema no es que no tengas claro lo que quieres decir. Es que te exiges decirlo perfecto, porque en el fondo te da mucho miedo equivocarte.
¿Qué pasa en el cuerpo cuando te bloqueas?
El miedo a exponerte no está en la cabeza, está en el cuerpo. Las personas que vienen a los cursos lo describen así:
- la respiración se vuelve muy superficial, o casi se para
- una bola en la garganta, presión en el pecho o un nudo en el estómago
- temblor en la voz o en las manos, sudor
- hablar muy deprisa, o no acordarte después de lo que has dicho
- la sensación de hacerte pequeño, sobre todo delante de un jefe o de un grupo
- ganas de salir corriendo
Con tanta tensión, la cabeza se colapsa. Y entonces aparece el blanco.
El bucle: por qué cada vez va a peor
Es como un pez que se come la cola. Te bloqueas, no te expresas como querías, y después te machacas: «tendría que haberlo dicho distinto», «¿por qué no he dicho nada?». La próxima vez llegas con más miedo a que vuelva a pasar, con más exigencia de hacerlo bien, y por tanto con más tensión. Y vuelve a pasar.
Por eso preparar más no suele funcionar. Si el problema es la tensión, preparar más es echar más exigencia al fuego.
¿Qué puedo hacer?
Tres cosas sencillas que practicamos en los cursos:
1. Deja salir el aire
Cuando hay miedo, casi dejamos de respirar. Toma aire, por la nariz o por la boca, y en vez de soltarlo con fuerza, deja que salga solo. Y si te das cuenta de que estabas sin respirar, no te riñas: celébralo, porque darte cuenta ya es lo que te permite darte aire.
2. Baja la exigencia
No necesitas decirlo todo ni decirlo perfecto. Menos es más. Si dices la mitad con calma, se entiende mejor que todo con tensión.
3. Cambia la vocecita
Después de hablar, en vez de repasar todo lo que hiciste mal, prueba a hablarte como le hablarías a alguien a quien quieres: «no era fácil, y lo has hecho». Esa nueva vocecita no aparece de un día para otro, pero se entrena.
¿Se puede eliminar el miedo a quedarse en blanco?
No del todo, y tampoco hace falta. El miedo no se elimina: se aprende a convivir con él. Es como una botella de agua: no se trata de tirarla, sino de aprender a llevarla contigo sin que te pare. Cuando aprendes a acompañarte con el miedo, aparece la confianza: no la de no tener miedo, sino la de saber que te manejas aunque lo tengas.
Cómo se entrena: el teatro como gimnasio
Entender todo esto ayuda, pero no basta, porque el miedo vive en el cuerpo. Hay que vivirlo. Por eso en Descúbrete con el Teatro usamos el teatro como un gimnasio de lo emocional: un espacio seguro, sin juicio, donde te expones un poquito más cada semana, a través del juego y la improvisación, delante de un grupo que te mira como «el mejor público del mundo».
«Vencer miedos, miedo a exponerme en público, miedo a quedarme en blanco, miedo a equivocarme… Me ha permitido conectar con el juego, la diversión y la espontaneidad.»
Formulario de final de curso
«Lo que me llevo es el darme mi tiempo para comunicar lo que quiero, respirando mientras hablo, rebajar la autoexigencia y darme permiso para desobedecer las normas y disfrutar jugando.»
Alumna · formulario de final de curso
Si vives en Barcelona o cerca y quieres entrenarlo, te lo explico todo en la página sobre el miedo a hablar en público.
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Preguntas frecuentes
¿Es normal quedarse en blanco en una reunión aunque sepa del tema?
Sí, es muy habitual. Saber del tema no protege del bloqueo, porque el bloqueo no viene de la falta de conocimiento sino de la tensión del miedo al juicio.
¿Leer el texto o memorizarlo ayuda?
A veces da seguridad, pero si lo memorizas palabra por palabra, cualquier fallo puede hacerte perder el hilo. Suele funcionar mejor tener claras unas pocas ideas y darte permiso para decirlas a tu manera.
¿Cuándo conviene pedir ayuda profesional?
Si el miedo a hablar te limita mucho en tu día a día o va acompañado de una ansiedad muy intensa, vale la pena consultarlo con un profesional de la psicología. El trabajo con teatro puede ser un buen complemento.